Sra. Joséfina Vázquez Mota:
Pertenezco a ese sector de más del 70% de estudiantes que no logran titularse de la UNAM. Yo Estudié ahí la preparatoria y la licenciatura, solicitando en diversas ocasiones una beca que apoyara mis estudios sin obtenerla, pues para quienes califican las necesidades de los estudiantes, contar con más de 4 salarios mínimos diarios (200 pesos al día de hoy y menos cuando estudiaba) y tener ciertos satisfactores materiales en casa, invalida las carencias que nos llevan a pedir las becas.
(Quiero agregar que conocí becarios con mejores condiciones económicas que las de mi familia, lo que me hace sospechar de los criterios de asignación y de la ética de ciertas personas al llenar cuestionarios. Sigo).
Que usted considere que no titularse es no tener ningún interés en la propia educación es una inferencia indigna de alguien que ha ocupado los cargos de Secretaria de Educación y de Desarrollo Social, que obliga a preguntar: ¿desconoce usted la realidad de los estudiantes y las necesidades de las familias mexicanas? Entonces, ¿cómo llegó a esas Secretarías, qué aprendió en su paso por ellas?
Le cuento: yo vivo en Ecatepec, estudiaba en Naucalpan y necesitaba trabajar o una beca para pagar pasajes y sobre todo, comer, pues pasaba diez horas fuera de casa sólo por la escuela. De manera no muy humilde debo admitir que soy talentosa y luchona. Trabajo desde los 14 años, en lo que se pueda, y desde los 19 en áreas de la licenciatura que ostento trunca: Comunicación. Con el tiempo, los trabajos que obtenía en Comunicación mejoraban en sueldo, requiriendo más de mi tiempo y me vi obligada a elegir entre terminar mis estudios o perder un empleo.
Terminar un doctorado es la única cosa que he anhelado en la vida (me conmueve escribir esto), pero tenía miedo de no volver a encontrar trabajo porque eso es muy común en este país. Si no eres hijo de un rico empresario, un político, una advenediza como es usted en la arenga política, no tienes un empleo decente en México.
Actualmente tengo un empleo cuyo salario me coloca encima del promedio que impera entre los profesionistas de México y me preocupa que esto sea un espejismo dada mi situación académica.
Este salario, lo sé, es fruto de mi inteligencia, pero sobre todo de los seis semestres que pude asistir a la Universidad Nacional Autónoma de México, institución que elegí -rechazando mi lugar ya asignado en la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Iberoamericana (ofrecimiento de un familiar)- bajo tres simples criterios: es la mejor universidad de América Latina y es muy barata. La mejor educación que el dinero no puede comprar, suelo decir de ella. ¿El tercer criterio? Resulta del segundo: mi padre debía pagar la educación de tres hijas, dos al mismo tiempo en esa época, y me pidió que eligiera la UNAM porque no podría pagar la colegiatura de ambas en una escuela privada (cuya colegiatura dista mucho de las cuotas que pagaron por su educación en la Ibero).
Lo que quiero que entienda es que en México los estudiantes tenemos interés en nuestros estudios, pero también tenemos carencias, miedos y preocupaciones -reales dado el estado en que se encuentra la economía del país, ¿quiénes son responsables por ello?- que hacen que su zafia inferencia resulte muy ofensiva.
P.D.: ¿No se mordió la lengua, usted que tardó 15 años en titularse? ¿Qué carencias, miedos y preocupaciones la llevaron a eso?














