Como entre las cosas/ Cosa más frágil que las cosas/ Muy pobre cosa/ Que espera siempre el amor, o la metamorfosis
Michel de Houellebecq
No sé si fueron los muertos, la poesía de Houellebecq (ahora ya sé escribirlo), ese disco o estar ahí tumbada inmóvil y por fin tímida (ahora sé definirlo: “desfase entre la voluntad y la acción”) lo que me mantuvo despierta toda la noche.
Los muertos
Va conmigo a la escuela. De ella tengo comenzado un texto dónde me defino pequeña y paralizada por su sonrisa. Todavía no lo termino, pero sigue con esas anécdotas de ella recordándome en días que yo ya he olvidado, en que ella no existía, y sus amigos creyéndome capaz de leer a Nietzche y fue por ella (“perfecta en su genuinamente descuidado aspecto”, dice el texto) que terminé en la Casa del Lago.
- ¿No quieres ir a La Casa del Lago, Karina? Va a haber un evento, con este escritor, el de Las partículas elementales.- Me dijo al terminar la clase de radio.
- ¿En serio va a estar Hou
ellebecq(ue)?- Dije yo.
- Sí, ándale, ese, me dijo Goyo.- Sepa la madre quién es Goyo.
No tenía más que $8.50. Ella y su amigo Carlos me prestaron $20. Llegamos muy temprano. Había poca gente. En tercera fila vi sentado a un chico de negro, con cabello chino y anteojos que era él, sin duda. Creo que apenas volteó a verme cuando me senté a su lado. El momento. Siempre lo imaginé distinto.
Se sorprendió, le sonreí sin amargura (ahora lloro como ahí no lo hice). Platicamos, sentí que con más timidez que indiferencia.
- ¿Sabes para quién reservo ese asiento?
- Para (esa por la que me dejaste)
- Sí.
- Vaya…- Levanté la ceja, hice un mohín. Suspiré.
Me preguntó por la universidad. Creo que es la única persona a la que le puedo contestar: “Ya sabes” y de verdad sabrá.
Parece que él logró su sueño de pertenecer al mundito de los
Egos Revueltos y yo me conformo con volver a escribir. De hecho, esa noche no reconocí a ningún escritor ni poeta, pero sí vi a varios blogueros esperando a Houellebecq. No les diré quiénes, yo no creo en ese hipertexto, pero me llamó la atención que fueran blogguers y no escritores el público de tan bizarra noche (que alguien me golpee por esa línea).
Cuando ella llegó, se cambiaron de lugar para atrás y me quedé con un par de asientos en tercera fila, la primera fila no reservada, junto al pasillo. Un asiento para mí, otro para Franz, a quien le mandé un sms avisándole.
* *
Al terminar, pegada a Franz, como atinadamente dijo a la mañana siguiente, íbamos a un café, en uno de esos nuevos camiones de Reforma. Su teléfono sonó y era Rocks.
Tenían un trabajo por terminar, una corrección en un diseño que no requería de tan tremendo protocolo y menos a las 10 de la noche. Nos bajamos del camión (“un viaje como de la primaria” dijo una chica de nombre Delphine, pues atrás casi lo llenamos
nosotros); nos metimos al cine Diana, dónde inauguraban el ciclo de Cine Español y una señora con cara de organizadora, amiga suya, le dijo a Franz que podíamos entrar, la película estaba por comenzar. Respondió que no podíamos y se despidió, salimos entre los del staff, detrás de unas mamparas y acabamos en el estacionamiento, por donde salimos de nuevo a la calle.
En el depa abría una lata dorada cuando sonó el timbre. Me mandó a abrir, lo cual fue desastroso. Por fin abrí la puerta y Rocks sonrió.
- ¿Qué haces aquí?
- Todo comenzó en la mañana, cuando decidí ir a la escuela…
Franz desaparecía y Rocks se ponía a forjar. Yo quise usar al gato como parapeto, pero me mordió, así que me senté junto a Rocks, callada mal pedo. Se me pasó y comprendí que Rocks ya está en otra galaxia y es cierto que muchas veces quise tomar su mano y volar con él.
Terminamos cenando los tres juntos en esa cervecería que me cagaba, armoniosamente integrados. Rocks obsesivo según yo, yo triste según Franz y Franz egocéntrico como todos notamos. Hay que cenar otra vez así.
Les conté de mis padres, que han pasado de lo sobreprotector a algo más enfermo y dañino, por lo que decidí no llegar a mi casa, pero esta mañana, cuando entré, me preguntaron si ya había desayunado y me rompieron el corazón.
Rocks se compró un carro nuevo que me gustó mucho. Nos regresó al depa y yo supe entonces que no podía haber cambiado tan rápido y que no estaba tan feliz como me parecía.
* *
La poesía de Houellebecq
Me caga La Barranca. Porque su virtuosismo no es artístico, es un artificio técnico y yo necesito, gran contradicción, sentir. Que el arte explique a la vida y no que la imite a través de arbitrarias reglas.
Porque a ellos, tan bizarramente encontrados esa noche en La Casa del Lago, les encanta. Y todo lo que han hecho ellos me dolió mucho alguna vez. Tengo buena memoria.
Alonso Arreola no es La Barranca, pero LaBa es casi. Las partes forman al todo y eso en la práctica, significa. Por eso duele.
Decidí ignorarlo. Decidí ignorar a la pelirroja. Ignorar el puto frío y mis mallitas y mi suéter delgado.
Iba a escuchar a Houellebecq leer su poesía y LaBa, o quien fuera, lo sé, no podría por más que intentara, interferir con ello, para bien, ni para mal.
Recuerdo frases sueltas, juegos de palabras y la idea completa de que el ser y la palabra son sufrimiento sobre la tierra. El ser, la vida pues. Sufrimos porque escapamos de la nada y le tememos. Pero ella es inaprensible, y no lo sabemos. No hay solución para las chaquetas mentales y sufrimos. Hasta cuando sabemos sufrimos, porque saber es ser de otro modo, es el desengaño. Es condenar a la nada lo que fuimos y entonces regresamos a ella, sin estarlo. Y eso lo dijo hablando de cosas cotidianas, como las que haces tú ahora.
* *
El disco
En la PC tenía muchos discos que bajé de la red. Que me bajaron de la red. Claro, no los tengo físicamente. Algunos de esos discos andaban en unos cd’s que le quemé a mi tío Memo, para darle un quemón. Otros en memorias usb que andan por la casa. Así, el día que se madreó mi PC, pude recuperar unos muy pocos.
Entre esos, el
Talkie Walkie de
Air. Prendo la compu, abro el reproductor. Le doy play. La primera siempre es
Venus. Entonces le pongo en aleatorio y ya, salen otros discos.
Pero la primera siempre es
Venus y un día supe que era La Rola. Nomás porque sí. Y no le dije a nadie.
Después de los muertos, la pelirroja, los poemas y la cena, subíamos las escaleras.
- Adivina qué rola es esta: tun tun, - marcaba el pedal en su estomago- tun tun, tun tun, tun tun…
- La conozco…
-
You could be from Venus…
- ¡Ah, es Venus!- Sonreí. Me emocioné.
- Claro, después de que canté el título...
- Ya, es mérito… O sea, sí la conozco.
- Es más, ese será el disco que vamos a escuchar.
- ¿Vas a poner un disco?
- Sí, para dormir.
Y en lugar de disfrutarlo me entró un insomnio que en la mañana nos llevó a la pregunta:
- ¿Dormiste bien anoche?
Tumbada inmóvil y por fin tímida
No sé en qué momento me volví ese fardo. No sé porque toda la vida me han dicho que sienta y yo me quedo ahí pensando.
P.D.
Íbamos por la calle, cuando la vimos. “Tu novia favorita” la llamó él. Ya era demasiado. Paseaba a su perro. La saludamos breve y efusivamente.
- Memo morirá cuando le cuente esto.
- Ja.
- Y mis lectores del blog aplaudirán que ya me pasen cosas posteables.- Sonrió burlón, y complacido de que seguirá siendo mencionado.
- Y podrías dejar de usar ese nombre ridículo que me pusiste.
- Ya lo aclaré.
- Pero no sé si le queda claro a los demás.
- No debe quedarle claro a los demás, si quieren saberlo que se hagan hermeneutas, y filólogos, que me escriban una biografía y que lo descubran- Mmm, creo que dije “autobiografía”, está bien, no había dormido.
- Es buena idea.
- Te debe quedar claro a ti, que eres un elemento activo de mi literatura- Dije embriagada. Sonrió.
Y de ahora en adelante será llamado Franz de Paula, como él se ha construido y no con esa monserga de “Botticelli” como quise ocultarlo.
P.P.D.: No dormí nada por tus ronquidos, ya me acordé...